LOS AWATIÑAS El “Tunkata pä tunkaru”Extractado de "EL DIARIO" Para quienes seguimos de cerca la carrera artística de los Awatiñas, desde su creación, a principios de la década del 70 del pasado siglo, escuchar un nuevo disco de estos guardianes aymaras es una gratificante experiencia, porque con su música nos hacen sentir orgullosos de haber nacido en esta tierra, tan rica en su diversidad cultural. El “Tunkata pä tunkaru”, título de la flamante placa discográfica que hoy los Awatiñas ponen a consideración del público a través del sello Discolandia, no escapa a ese sentimiento de bolivianidad, porque el conjunto de piezas que contiene el álbum pone de manifiesto, nuevamente, el notable trabajo que han desarrollado estos músicos, bajo la acertada guía de los hermanos Mario y Miguel Conde, de defender y rescatar la identidad aymara que con tanto empeño promueven desde su nacimiento. Fieles a su estilo, los Awatiñas presentan en esta ocasión un formidable material, conformado en su mayoría por inéditos temas compuestos por Mario y Miguel que reflejan la esencia del hombre andino. Se trata de canciones llenas de poesía, en unos casos, y con un profundo contenido musical, en otros, que trascienden el espacio y el tiempo. Como gran novedad, el trabajo incluye la canción “Tunkata pä tunkaru” (10+10=20), una continuación del tema “Mayata-tunkaru”, que tantas satisfacciones les brindó a los Awatiñas, porque permitió que miles de niños aprendan a contar del 1 al 10. Pero eso no es todo, ya que el disco también contiene música autóctona y criolla, en variados ritmos del acervo folklórico nacional, interpretada con maestría por este sexteto boliviano que tantos lauros consiguió para el país, principalmente en el Viejo Continente. No está por demás reconocer en esta oportunidad, aunque los Awatiñas siempre hayan pecado de modestia y humildad, la encomiable labor social que realizan desde 1986 en Bolivia en los campos de la educación y la salud. Ese trabajo, digno de elogio, ha posibilitado que miles de niños del país pueden ser desparasitados y que otro significativo número de pequeños tenga la posibilidad de estudiar en los colegios que fueron construidos en las zonas de Pampahasi y Las Kiswaras, de las ciudades de La Paz y El Alto, respectivamente, gracias al silencioso pero efectivo trabajo de los Awatiñas. Pero eso es parte de la historia que han escrito y seguirán escribiendo con letras de oro los sensibles integrantes de esta consagrada agrupación boliviana. Marzo 20 2002 |